El abogado y los paradigmas.

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“Quien no está preso de la necesidad está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen y otros no duermen por el pánico de  perder las cosas que tienen” Eduardo Galeano.

En nuestra profesión como abogados, nos vemos envueltos en un sinfín de paradigmas sociales que nos imponen, no solo nuestros maestros en la Escuela de Derecho al señalarnos frases como “debe hablarse con tecnicismo”, “Tiene que hablar como abogado”, “Entre más técnico hable, mayores serán sus honorarios y reconocimiento”, etc. También la sociedad nos relaciona directamente con categorizaciones tanto positivas como negativas; Algunos ejemplos de esto pueden ser: “si es abogado sabe de todo” o, negativas como “ladrones”, “avispados”, “manipuladores”, en fin una variedad de estigmatizaciones ha obtenido nuestra profesión a lo largo de los años que ya es difícil de combatir debido al arraigo cultural que se presenta frente al ejercicio del derecho en todos los ámbitos sociales.

 Todas estas percepciones sociales me hicieron preguntar ¿Qué de cierto son los paradigmas en el ámbito del derecho? ¿Por qué la sociedad no las discute? O peor aún ¿Porque los abogados nos acomodamos a estas y no hacemos nada por controvertirlas? En mi opinión considero que los abogados, de cierta manera, nos sentimos satisfechos con esta percepción que la sociedad tienen hacia nosotros, nos gusta que nos consideren cultos, inteligentes, manipuladores, astutitos, entre otros, nos sentimos como los dueños del mundo, pero en realidad somos los dueños de nada. No obstante creo que al establecernos en esta zona de super confort, estamos olvidando una concepción que debe profesar cualquier profesión, pero especialmente la de abogado, y es aquella según la cual debemos cumplir una función social.

 Muchos creemos que nuestra función social la cumplimos en el consultorio jurídico de nuestra Escuela de Derecho o, cuando nos asignan casos de oficio, situaciones que me parecen más obligatorias que voluntarias, toda vez que necesitamos de la primera para obtener nuestro título de abogados y, la segunda, con miras a estar exentos de sanciones por la no asunción de estos casos.

 En este sentido considero que, nuestra función social en el ejercicio del derecho se presenta día a día en cada contacto que tenemos con nuestros usuarios, con nuestros aliados y nuestros colegas. Incluso, el concepto “cliente” que es tan frecuentemente utilizado en nuestro medio para designar aquellas personas que contratan nuestro servicio hace evidenciar un interés económico prevalente. Debemos recordar que quienes nos contratan son personas comunes y corrientes que lo que buscan es una solución o una asesoría frente a un problema determinado, y que estos están usando nuestros servicios, es por ello que son usuarios del servicio jurídico.

 En mis trabajos anteriores, cuando un superior me solicitaba que le enviara un “contrato” a un “cliente” y que le pidiera que lo firmara, me preguntaba ¿Será que ese “cliente” sabe lo que está firmando”?, si yo, supuesto conocedor del derecho, a duras penas entendía los términos y las implicaciones del mismo, una persona del común sabe qué consecuencias se derivan de esa simple firma. Es en estos casos donde invito a mis colegas a que empecemos a realizar un trabajo más para las personas, que dejemos de lado todos aquellos paradigmas y estereotipos que rodean nuestro media y seamos “personas para personas”.

 Esta reflexión me permitió entender que si bien, la sociedad en la que vivimos tiene unos estándares o parametrizaciones frente a los abogados y que, nuestros colegas han implementado y cumplido muchos paradigmas frente a los cuales hoy en día no hay discusión alguna, debemos preguntarnos sobre el porqué de estos y si realmente son aceptables desde nuestro propio punto de vista y dejarnos de guiar por el punto de vista social.

 “Soy un tipo común y corriente de los que caminan por la calle. Hay un estereotipo de presidente y la gente tiene la cabeza en un modo de ser que no encaja en lo que yo soy”Pepe Mújica.

 Y es precisamente este pensamiento del gran Pepe Mujica frente al hecho de ser presidente al mismo que tuve al momento de empezar a ejercer esta profesión, el abogado debe ser un hombre común y corriente, y no debe basar su actuar en los estereotipos que establece la sociedad para quienes profesamos de este conocimiento, debemos ser hombres que utilicen ese saber en pro de los demás, cumpliendo así esa función social que no solo cumple la propiedad privada, si no todos los seres humanos por el hecho de serlo.

 “No se trata de extirpar errores particulares del pasado: se trata de trastocar el sistema, por el cual una “verdad” pasaba a ser considerada como tal, de afectar a la base misma de nuestro pensamiento” F. Nietzsche.